jueves, 30 de diciembre de 2010

Madrid sin humos. Es capital.

Imagen tomada de http://www.tecuentodesdemalaga.com el 30/12/2010. Revisado el 27/01/2011.


Hay una nueva ley en la ciudad. De hecho, hay una nueva ley en el país. El 2011 ha empezado con, además de una buena resaca, una nueva ley antitabaco. A estas alturas, y con todo lo que hemos hablado de ella tanto personal como mediáticamente, no voy a pararme a detallar qué supone esta nueva ley. Sin embargo, muchas veces me gusta pensar en cómo afectan las grandes decisiones en mi día a día, y ¡vaya si ésta lo hace!

Lo primero que se me pasa por la cabeza es la crisis. Con los bolsillos más que raspados y más aún pensando en las fechas que corren y en la cuesta que nos toca subir, recurro a los números. Entre 1.000 y 2.000 euros anuales se gasta un fumador medio en cigarrillos. Vamos, que al año un fumador medio se gasta en torno a un mes (o dos) de sueldo de un mileurista, raza abundante en nuestra fauna española. Empiezo a pensar en aquellos inicios del siglo pasado en los que fumar se enarbolaba como una bandera de estilo, sofisticación y elegancia. Con la que nos está cayendo encima, desde luego cada día más, fumar es un lujo al alcance de muy pocos. ¿Quién no aceptaría ahora sin rechistar esos 1.000 euros para sufragar las compras navideñas y hacer que la cuesta de enero sea cuesta abajo?

Lo segundo que me rebota en la sesera es el famoso mito del "fumador social". Vale, sí, a los 14, 15 años, un chaval le da su primera calada a un cigarrillo porque se siente parte de un grupo, uno más, alguien "guay". Sin embargo, los años pasan, y esa excusa se queda atrás. Obsoleta. Absurda. "Empecé a fumar porque me sentía guay, y ahora ya...". ¿No os resulta ridículo? Me parece genial que a los 15 años uno tenga su motivo o razón para empezar con algo dañino, pero, ¿es esa razón suficiente cuando alcanzas los 30? No hacemos lo mismo ni pensamos lo mismo que hace 10 años, pero sin embargo, otras veces despreciamos tradiciones cuando somos nosotros mismos las que hemos adoptado algunas sin lógica alguna.

Sigo pensando en esta nueva ley y mis pocas neuronas me llevan a pensar en mi ciudad, Madrid. La GRAN fumadora pasiva por excelencia. Y es que, una ciudad contemporánea no deja de ser a día de hoy una especia de ser orgánico. Algo dinámico que cambia y se adapta, un todo moldeable, pero que también nos moldea. Y por ello, esta nueva ley le afecta tanto o más que a nosotros. Muchos se quejan de la bajada de clientela que tendrán ante la falta de fumadores. Yo digo, ¿cuántos no fumadores no han entrado en un sitio por el humo reinante? Otros dirán que ya no será lo mismo salir de fiesta sin poder fumarse un cigarro con la copa. Yo digo, ¿cuántos esperamos levantarnos al día siguiente sin oler a cenicero? Demasiados opinan que tienen tanto derecho a fumar como el que no lo hace. Yo digo, mi derecho a no fumar no pisotea tu derecho FUNDAMENTAL a la salud y la integridad física.

Lo más importante de todo esto: el futuro. Una ciudad con menos humos es una ciudad sana, saludable. Una ciudad que inspira y expira salud. Una ciudad que educa en salud. El hecho de que unos padres salgan con sus hijos a cualquier restaurante y no puedan fumar, es una potente herramienta de educación antitabaco, y por partida doble. Por un lado el niño no "fuma" indirectamente. Por el otro, el niño se educa en una vida sin humos, adaptándose a vivir en una sociedad libre de humos. En este punto habría que recalcar con fuerza la importancia que tiene el seno familiar en el inicio de hábitos tan nocivos como éste. Pensar que algo que se considera tan peligroso, como es fumar estando embarazada, llega a "prohibirse" socialmente, y que unos padres estén fumando junto a su hijo de 18 meses en una terraza no sea visto como tal, deja mucho que decir de la responsabilidad de los mismos.

He tenido las mismas tentaciones que todos. En el colegio, la gran mayoría de mis amigos empezaron a fumar, y yo no lo hice. No me jacto de ello, ni mucho menos, pero sí que es cierto que había gran relación entre los fumadores de padres fumadores y los no fumadores de padres no fumadores.

Para todos aquellos que hablan de la prohibición de fumar, yo les digo que ésta es una ley que da libertad ante el tabaco. Libertad para desprenderse de él. Libertad para poder vivir sin él. Porque nos encanta usar las palabras tolerancia y respeto con nosotros, aún cuando no se respeta ni tolera a los otros. Porque un fumador puede estar sin fumar, mientras que un no fumador no puede estar fumando, los espacios públicos deben estar libres de humos. Porque lo cerrado es fumar sin preocuparse de a quien puedas estar molestando con tu humo. Porque lo cerrado es no poder ver más allá de los cigarrillos restantes en la cajetilla. Porque lo abierto es poder disfrutar de tus amigos sin presiones ni necesidades impuestas. Porque lo abierto es ver esta ley como una oportunidad, como el trampolín necesario para dejar atrás tanto alquitrán y nicotina. Porque lo que más me gusta de esta nueva ley, es poder disfrutar de mi ciudad y mis amigos sin humos. Porque esta nueva ley traiga un 2011 de nuevos "no fumadores".

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Tierra de gatos, ahora convertida en zoológico




Después de una entrada de inicio en la que, a raíz de una actividad para clase, escribí acerca de lo que Madrid me transmitía un día cualquiera, va siendo hora de que inaugure este blog como se merece, con una entrada de introducción. Pensaréis, ¿qué viene a contarnos éste que nosotros no sepamos ya de Madrid? "Aaaaaamigos" (como dice mi madre), esta ciudad tiene mucho que enseñar. Incluso para mi, que llevo toda mi vida en ella, aún tiene cosas con las que me sorprende...¿qué no hará por sorprenderos a vosotros?

Esta ciudad con aires de capital, conserva en su más íntima esencia, una cualidad que muchas ciudades del mundo han perdido: raíces. Porque sí, Londres, Nueva York, París, etc., son ciudades emblema de este planeta, pero precisamente esa universalidad de la que se jactan hace que muchas veces la tradición no tenga lugar en sus calles, en su día a día. Sin embargo, Madrid para ello es distinto. En Nueva York podremos acudir a la Première de la última superproducción hollywoodiense, en París podremos asistir a la última colección primavera/verano de Dior y en Londres podemos ser partícipes de nuevas tendencias o movimientos artístico-sociales en plena ebullición, pero a Madrid eso no le basta. En Madrid a todo esto le sumamos a las señoras de fondo en una alfombra rosa preguntando a Belén Esteban si pueden asistir al estreno de su documental. En Madrid colocan un coche futurista valorado en cientos de miles de euros en plena calle Montera, rodeado de prostitutas. En Madrid la Noche en Blanco significa colocar a un Dj en la Plaza de Cibeles y montar un macrobotellón hasta las 3 de la mañana. Como ya he dicho alguna vez, Madrid es castizamente universal.

¿Qué pretendo con este blog? Enseñaros mi Madrid. Todos conocemos las principales calles de ésta ciudad. Todos conocemos las zonas de marcha, las zonas de compras, etc. Por eso lo que quiero hacer con este blog es hacer una especie de "guía de experiencias". Lugares, historias, personajes, cosas que me fascinan, cosas que me fastidian...siempre todo ello englobado en el contexto de esta ciudad, hace ya muchos siglos cuna de gatos, y ahora, cada vez más, convertida en zoológico universal.

Así que ya sabéis. Poco a poco iré rellenando este espacio con todo tipo de detalles, anécdotas, historias, lugares y demás curiosidades acerca de una ciudad que -muchos estarán de acuerdo conmigo- engancha. ¡Comenzamos!

martes, 7 de diciembre de 2010

Pedazo de la España en que nací...



¡Qué frío hace esta mañana! Estamos ya en pleno “otoñoinvierno” (esto del cambio climático nos está volviendo locos) y las primeras horas de cada día son un gélido despertar. El clima de Madrid es seco, por lo que el frío es muy intenso cuando las temperaturas bajan, pero es más llevadero cuando a lo largo del día suben y brilla el sol. Sin embargo, da igual donde te encuentres, madrugar es siempre algo tedioso y duro. Las luces de las calles aún brillan mientras el sol se va desperezando y poco a poco comienza a salir. En esa penumbra en la que ni es de día ni de noche, es en la que nos despertamos, sin saber exactamente qué hora es aunque miremos el reloj repetidas veces. Sin embargo, la magia de esta ciudad te envuelve en cuanto pisas la calle.

Enfundado en mi cazadora verde militar y la bufanda de punto, salgo a la calle con las farolas aún trabajando sus últimos minutos. Me pongo a andar con la música encendida y las manos en los bolsillo, así el frío se hace menos intenso. Es entonces cuando ocurre. De repente, las farolas se apagan al unísono, dejándote por unas milésimas de segundo en la penumbra, y al levantar la vista…voilà! Un manto rosa brillante cubre todo el cielo que consigues ver entre los edificios, iluminándose poco a poco y dando paso a un amanecer entusiasta. De esta forma, el frío desaparece y sólo te queda pensar en que, por qué no, hoy puede ser un gran día.

Madrid tiene esa cualidad sobre mucha gente. Acostumbrado como estoy al ajetreo diario de esta ciudad, a mí sin embargo, me produce una sensación de calma en movimiento que consigue relajarme. Es el dinamismo de esta ciudad el que me atrapa, el que me hace sentir con ganas de hacer montones de cosas. Así, poco a poco, el duro despertar de hace una hora se va convirtiendo en una mañana llena de posibilidades. Me meto en el metro con dirección a Ciudad Universitaria. Hoy voy bien de tiempo, así que aprovecharé para ponerme al día con unos libros de la biblioteca que necesito. Al dirigirme hacia el andén, me cruzo con un joven. Su cara me resulta familiar, hasta que descubro que se trata del chico que estaba sentado junto a mí en la cafetería en la que estaba desayunando media hora antes. Lleva una maleta repleta de pegatinas y tiene cara de perdido. Me pregunta si hablo inglés y le contesto que sí. Aliviado, me pregunta cuál es la mejor forma para llegar al aeropuerto, con lo que le explico cuál es la ruta que yo sigo cuando soy yo el que se va de Madrid, además de otras posibilidades para que él elija. Me mira sonriente y me da las gracias y me dice que aún tiene tiempo para tomar un café y que si quiero acompañarle. Acepto la invitación y nos dirigimos a un bar conocido en el que los taxistas se reúnen para dar habida cuenta de sus desayunos después de una noche más o menos movidita.

Se llama Clemens y vive en Rouen, al norte de Francia. Lleva aquí una semana y hoy es el día de su vuelta. Dice que espera volver pronto por aquí, ya que ha hecho muchos amigos en la ciudad y que sabe que aún le queda mucho por ver. Le contesto que lo mejor que tiene Madrid es lo que no se ve en las guías, lo que la gente de aquí (gatos, como yo) puede enseñarle en las callejuelas o rincones más recónditos y que si vuelve no tendré ningún problema en hacerle una visita por ellos. El tiempo ya se me echa encima así que, recordándole los caminos para llegar al aeropuerto, me vuelvo a meter en el metro para llegar a la facultad a tiempo.

Una vez en clase, me pongo a pensar en la pregunta que muchas veces me hago y no sé contestarme: ¿qué significa Madrid para mí? Supongo que es una de esas cosas de las que no te das cuenta hasta que la pierdes. Sin embargo, sí hay cosas que sé responder. Madrid es mi casa, el lugar donde he crecido y donde me siento como pez en el agua. Madrid me da confianza y a la vez me otorga la tranquilidad de saberme en un sitio conocido, pero a la vez me sorprende con esos cambios continuos (unos más importantes que otros) que se dan en ella día a día y que en cierto modo me motivan y me hacen crecer y madurar junto a ella. Madrid me hace creer en la gente, me hace creer en lo posible que es que mundos tan opuestos vayan de la mano, al menos en una convivencia pacífica. Madrid es el Parque del Oeste en verano. Es la Gran Vía y su fauna a cualquier hora del día. Es el atardecer en el Templo de Debod. Es la tapa de turno en la plaza 2 de Mayo. Es el domingo tirado en Olavide subsistiendo a base de ensalada y tortilla de patata. Es estar tomando un café con un francés al que acabas de conocer en una cafetería donde todo se pide a grito pelado a la cocina. Madrid es una ciudad que ha sabido mantenerse a flote durante muchos años a la sombra del olimpismo de Barcelona, manteniendo su estilo con el paso de los años. Siendo la capital se ha tenido que conformar con ser la segunda ciudad de España para el mundo. Sin embargo, eso está cambiando. Cada día que pasa, Madrid se vuelve un poco más internacional, un poco más cosmopolita, y lo hace sin perder un ápice de su esencia, sin dejar atrás las señas de identidad con las que yo he crecido y convivido en mis 22 años de existencia. Porque si algo tiene Madrid es eso, identidad. Madrid crece y evoluciona, pero lo hace al ritmo de sus ciudadanos, de la gente que la bebe todos los días, y no imponiendo su marcha. No cabe duda de que Madrid es Madrid, no sólo por sus bulevares, parques, museos o monumentos, sino que Madrid es Madrid por su gente, por los madrileños de nacimiento y por los de espíritu. Por esto, siempre que pienso en Madrid, se me viene a la cabeza lo universalmente castiza que es.