
Imagen tomada de http://www.tecuentodesdemalaga.com el 30/12/2010. Revisado el 27/01/2011.
Hay una nueva ley en la ciudad. De hecho, hay una nueva ley en el país. El 2011 ha empezado con, además de una buena resaca, una nueva ley antitabaco. A estas alturas, y con todo lo que hemos hablado de ella tanto personal como mediáticamente, no voy a pararme a detallar qué supone esta nueva ley. Sin embargo, muchas veces me gusta pensar en cómo afectan las grandes decisiones en mi día a día, y ¡vaya si ésta lo hace!
Lo primero que se me pasa por la cabeza es la crisis. Con los bolsillos más que raspados y más aún pensando en las fechas que corren y en la cuesta que nos toca subir, recurro a los números. Entre 1.000 y 2.000 euros anuales se gasta un fumador medio en cigarrillos. Vamos, que al año un fumador medio se gasta en torno a un mes (o dos) de sueldo de un mileurista, raza abundante en nuestra fauna española. Empiezo a pensar en aquellos inicios del siglo pasado en los que fumar se enarbolaba como una bandera de estilo, sofisticación y elegancia. Con la que nos está cayendo encima, desde luego cada día más, fumar es un lujo al alcance de muy pocos. ¿Quién no aceptaría ahora sin rechistar esos 1.000 euros para sufragar las compras navideñas y hacer que la cuesta de enero sea cuesta abajo?
Lo segundo que me rebota en la sesera es el famoso mito del "fumador social". Vale, sí, a los 14, 15 años, un chaval le da su primera calada a un cigarrillo porque se siente parte de un grupo, uno más, alguien "guay". Sin embargo, los años pasan, y esa excusa se queda atrás. Obsoleta. Absurda. "Empecé a fumar porque me sentía guay, y ahora ya...". ¿No os resulta ridículo? Me parece genial que a los 15 años uno tenga su motivo o razón para empezar con algo dañino, pero, ¿es esa razón suficiente cuando alcanzas los 30? No hacemos lo mismo ni pensamos lo mismo que hace 10 años, pero sin embargo, otras veces despreciamos tradiciones cuando somos nosotros mismos las que hemos adoptado algunas sin lógica alguna.
Sigo pensando en esta nueva ley y mis pocas neuronas me llevan a pensar en mi ciudad, Madrid. La GRAN fumadora pasiva por excelencia. Y es que, una ciudad contemporánea no deja de ser a día de hoy una especia de ser orgánico. Algo dinámico que cambia y se adapta, un todo moldeable, pero que también nos moldea. Y por ello, esta nueva ley le afecta tanto o más que a nosotros. Muchos se quejan de la bajada de clientela que tendrán ante la falta de fumadores. Yo digo, ¿cuántos no fumadores no han entrado en un sitio por el humo reinante? Otros dirán que ya no será lo mismo salir de fiesta sin poder fumarse un cigarro con la copa. Yo digo, ¿cuántos esperamos levantarnos al día siguiente sin oler a cenicero? Demasiados opinan que tienen tanto derecho a fumar como el que no lo hace. Yo digo, mi derecho a no fumar no pisotea tu derecho FUNDAMENTAL a la salud y la integridad física.
Lo más importante de todo esto: el futuro. Una ciudad con menos humos es una ciudad sana, saludable. Una ciudad que inspira y expira salud. Una ciudad que educa en salud. El hecho de que unos padres salgan con sus hijos a cualquier restaurante y no puedan fumar, es una potente herramienta de educación antitabaco, y por partida doble. Por un lado el niño no "fuma" indirectamente. Por el otro, el niño se educa en una vida sin humos, adaptándose a vivir en una sociedad libre de humos. En este punto habría que recalcar con fuerza la importancia que tiene el seno familiar en el inicio de hábitos tan nocivos como éste. Pensar que algo que se considera tan peligroso, como es fumar estando embarazada, llega a "prohibirse" socialmente, y que unos padres estén fumando junto a su hijo de 18 meses en una terraza no sea visto como tal, deja mucho que decir de la responsabilidad de los mismos.
He tenido las mismas tentaciones que todos. En el colegio, la gran mayoría de mis amigos empezaron a fumar, y yo no lo hice. No me jacto de ello, ni mucho menos, pero sí que es cierto que había gran relación entre los fumadores de padres fumadores y los no fumadores de padres no fumadores.
Para todos aquellos que hablan de la prohibición de fumar, yo les digo que ésta es una ley que da libertad ante el tabaco. Libertad para desprenderse de él. Libertad para poder vivir sin él. Porque nos encanta usar las palabras tolerancia y respeto con nosotros, aún cuando no se respeta ni tolera a los otros. Porque un fumador puede estar sin fumar, mientras que un no fumador no puede estar fumando, los espacios públicos deben estar libres de humos. Porque lo cerrado es fumar sin preocuparse de a quien puedas estar molestando con tu humo. Porque lo cerrado es no poder ver más allá de los cigarrillos restantes en la cajetilla. Porque lo abierto es poder disfrutar de tus amigos sin presiones ni necesidades impuestas. Porque lo abierto es ver esta ley como una oportunidad, como el trampolín necesario para dejar atrás tanto alquitrán y nicotina. Porque lo que más me gusta de esta nueva ley, es poder disfrutar de mi ciudad y mis amigos sin humos. Porque esta nueva ley traiga un 2011 de nuevos "no fumadores".
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