martes, 25 de enero de 2011

HISTORIAS DE MADRID. Terminología castiza (I)

EL POR QUÉ DE NUESTRO NOMBRE: GATOS.
Grabado de la antigua ciudadela de Madrid. Imagen tomada de http://www.cosasdemadrid.es/ el 25/01/2011. Revisado el 26/01/2011.


Es difícil encontrar a día de hoy a los que llaman madrileños de verdad. Y es que se dice que no eres madrileño de pura cepa hasta que al menos tu familia ha nacido y vivido en Madrid desde hace tres generaciones. Es en ese momento en el que a uno, oficialmente, se le puede llamar gato. Desde hace siglos, a los madrileños se les ha llamado de esta forma, y como siempre, las historias, leyendas o curiosidades acerca de nuestras raíces se pierden en esta urbe que tenemos por capital de España. Y en este caso, la historia ha sido olvidada por muchos. Sin embargo, después de investigar en la web y hacer indagaciones entre mi familia, he sacado varias posibles referencias. ¿Por qué a los madrileños se les llama gatos? He aquí varias posibilidades:

  • La primera de las referencias que obtuve (cronológicamente halando) se remonta a los inicios de Madrid como lo que es hoy en día. Allá en tiempos de la Reconquista, cuando Madrid era un asentamiento musulmán llamado Magerit (del cual hablaremos en futuras entradas), la ciudad que conocemos no era más que un reducto de población amurallada. Numerosos fueron los intentos por los castellanos de conquistar esta ciudadela que controlaba el valle del Manzanares y la sierra del Guadarrama, hasta que un día de mayo del año 1085, las tropas de Alfonso VI de León lo consiguieron. ¿La diferencia? Uno de los soldados, armado con una daga comenzó a escalar la, hasta entonces impenetrable muralla de Magerit, clavándola en las juntas de la piedra. Al llegar arriba, con la batalla ya comenzada, el soldado cambió la bandera del torreón por una bandera cristiana, lo que incitó a los cristianos rezagados a apoyar a los hombres del monarca cristiano. Su agilidad y valentía fue tal, que Alfonso VI decidió cambiarle su apellido por el de gato y a todos sus descendiente.

  • La segunda de las posibilidades también se remonta a la misma época y a siglos posteriores. Tanto antes como después de la Reconquista, a los habitantes de la ciudad se les prohibía dormir dentro de la ciudadela, obligándoles a dormir extramuros. Sin embargo, una vez la noche era cerrada y la guardia estaba más tranquila, se dice que los madrileños relegados fuera de los límites de la fortaleza escalaban la muralla cual gatos para poder dormir al refugio de ladrones y malhechores dentro de la ciudad.

  • Otra de las posibles razones se remonta a tiempos más cercanos, en época de esplendor cultural para la ciudad de Madrid, en pleno siglo XVII. En un momento de mucho mayor bullicio social en la capital del reino, el ajetreo y los quehaceres de la muchedumbre iban en aumento. La vida de la ciudad crecía. En los ambientes más chulescos de la capital se jactaban de su vida nocturna autodenominándose gatos, lo cual bien podría aplicarse a la actualidad. En una época en la que escritores, poetas, políticos y nobles se congregaban en Madrid, la vida nocturna, con tabernas a las que llegaban los mejores vinos de la comarca, los duelos, los escarceos amorosos y demás estaban a la orden del día en la ciudad de Lope de Vega o Francisco de Quevedo. De ahí que sus propios habitantes se llamaran a sí mismos gatos.

En definitiva, muchas son las posibilidades que se ofrecen para entender el por qué de un nombre tan curioso. La realidad es que a día de hoy, gatos son los madrileños que llevan generaciones en la ciudad. Aquellos que han visto crecer a la ciudad al igual que ella les ha visto crecer. Sin embargo, desde hace casi un milenio, el nombre felino nos persigue a los madrileños. Agilidad, destreza, nocturnidad o pillería son algunos de los motivos de dicho apodo que, en la actualidad, cada vez menos gente reconoce.





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